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*** CARLOS FERRER***


martes, 24 de febrero de 2009

Ludopatía: Cuando el juego se vuelve adicción

No hay una cifra exacta de cuántas personas padecen este trastorno, aunque es más grave que la adicción a las drogas y al alcohol.

Cientos de personas acuden cada día a los casinos.
A inicios de año un intento de suicidio causó conmoción en un lugar público. Hasta allí no parece haber nada extraordinario, y más tomando en cuenta la frecuencia con la que se dan los autoatentados, con la cotidianidad en que los suicidios consumados aparecen en las noticias.
El caso en referencia alude a una mujer de 41 años que intentó quitarse la vida dentro del baño de un local de apuestas; todo indica que se trataba de una ludópata que al ir perdiendo decidió terminar con su vida.

Según versionas de los testigos, la mujer tomó medicamento controlado. Unidades de la Policía Municipal, así como de la Estatal, intentaron aproximarse al casino Caliente, ubicado sobre el periférico Luis Echeverría Álvarez, pero les fue negado el acceso debido a que se trata de un lugar privado, por lo que tuvieron que esperar a las afueras del sitio para tomar conocimiento de los hechos.

El caso reportado el 5 de enero en realidad responde a una adicción más frecuente de lo que se imagina. El apostar sin control puede generar daños tan graves como la peor de las adicciones, incluso pueden llevar a la tumba.

En México no hay una cifra exacta de ludópatas, pues la mayoría de los adictos al juego no saben que su padecimiento, considerado como un vicio y no una enfermedad, es más grave que la adicción a las drogas y al alcohol.

En los casinos o centros de apuestas que han proliferado en últimas fechas en la ciudad, es posible encontrar toda clase de clientes, pero llaman más la atención aquellos que esperan ser tocados por la diosa fortuna en el siguiente turno, en la siguiente tirada, con el último segundo del último minuto. Así como les llega la euforia cuando ganan, se estresan sobre manera cuando pierden, que es la mayoría de las veces, pues de lo contrario los casinos serían una pésima inversión.

La ludopatía o juego compulsivo es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad, un trastorno compulsivo de la conducta que convierte a quien lo padece en una persona incapaz de resistir el impulso de jugar, y que se agudiza de forma crónica y progresiva hasta convertirse en una adicción con consecuencias de alto riesgo.

El trastorno psiquiátrico fue reconocido como tal hasta 1980 por la Asociación Psiquiátrica Norteamericana.

Aunque en Saltillo han proliferado los centros de apuestas como el Caliente o el Sun City, no hay un grupo de ayuda.

Es más, hasta en las tiendas de las esquinas hay manera de apostar en los “minicasinos”, que por una moneda ofrecen a los niños y jóvenes la oportunidad de adentrase al mundo de la fantasía, aquella que por una pequeña cantidad de dinero puedes obtener una ganancia como por arte de magia.

Una adicción desgarradora

Mauricio Ortega Galindo, psicoterapeuta y especialista en conducta humana, aseguró que el juego de azar es una droga de tipo conductual que en el ser humano provoca aislamiento social, agresividad, sentimiento de culpa y pérdida de autoestima.

“Para muchos es como fumar, empiezas con un cigarrillo o dos, les vas aumentado hasta que llegas a un punto en que simplemente ya no puedes dejarlo porque te produce cierto placer”, dijo.

Explicó que cada vez que ganan los ludópatas se sienten satisfechos, “el problema es que no siempre es así, meten mucho dinero y no se dan cuenta porque la dopamina que produce nuestro cerebro causa placer, sensación de bienestar; cuando la gente juega produce ese químico y por eso les cuesta dejarlo”.

“No es un trastorno muy común, pero tampoco es muy lejano a la sociedad en que vivimos. El ludópata simplemente no se da cuenta de su adicción”, agregó.

Para Mauricio Ortega los centros de apuestas y minicasinos sólo fomentan la adicción para algunas personas.

“Cualquiera puede ir a un Bingo y apostar una cantidad fija, y una vez que se gasta se retira; pero el que tiene el trastorno, no tiene límite, pues entre más arriesgan más placer obtienen”, apuntó.

Los casinos se vuelven un callejón sin salida para el ludópata, al punto en que pueden acabarlos económicamente, y ven en el suicidio la única salida. Las consecuencias de este trastorno son diversas y afectan al ámbito personal, familiar, profesional y social.

En el ámbito personal parecen obvios los graves problemas económicos a los que se pueden llegar a enfrentar un jugador patológico y su familia. Cuando los jugadores son hombres, una vez agotados sus propios ingresos, suelen intentar buscar dinero fuera de la familia, mientras que las mujeres suelen pedir prestado el dinero a familiares. Por otro lado, puede aparecer otra serie de adicciones como alcoholismo o tabaquismo.

Hay una luz al final del túnel

El juego patológico tiene solución, aunque no es fácil porque el tratamiento tiene que alcanzar muchas esferas de la vida de la persona y esta es una enfermedad en la que hay que estar controlándose durante toda la vida. Los tratamientos pueden ser en grupo o individuales. En ocasiones, la persona afectada puede tener que tomar algún medicamento y, en otras, será un tratamiento sólo psicológico.

El psicólogo Luis Enrique Quintero Moreno sostiene que no es muy común que los ludópatas pidan ayuda por sí mismos; normalmente son llevados por familiares una vez que han tocado fondo.

“Pero si no hay disposición del individuo, simplemente no se puede avanzar mucho. Lo que debemos tener en cuenta es que el mero hecho de que la persona con el problema pida ayuda es un enorme paso hacia su curación. En ese momento necesitará todo el ánimo y apoyo que su familia y amigos le puedan dar”, comentó.

Este ánimo y apoyo pasan por acompañarle a las sesiones de terapia, no hacer caso de sus recaídas para no apoyar la idea de que su problema no tiene solución.

“El jugador patológico puede cambiar su forma de ser, puede desarrollar una depresión, con más frecuencia en mujeres que en hombres, o altos niveles de nerviosismo, tensión y agresividad. Puede tener pensamientos de inutilidad, de culpabilidad, de que no vale para nada y de que lo único que hace es crearse problemas él y a los que le rodean. En ocasiones aparecen problemas como dolores de cabeza, molestias en el estómago y dificultades para conciliar el sueño”, agregó.

Luis Enrique recordó un caso donde en una familia el hijo es el que tenía el problema de ser un jugador patológico.

“Los padres sabían qué hacer y, a menudo, cubrían las deudas del hijo a cambio de promesas de que no iba a volver a suceder. Sus familiares, amigos y conocidos se alejaron de él, porque cambió su forma de ser, porque pedía dinero continuamente”, expuso.

Cómo evitarlo

La forma de evitar que una persona desarrolle un comportamiento de pérdida de control ante los juegos de azar con apuestas económicas es educándola, previniendo y, en el caso de que empiece, recibiendo tratamiento cuanto antes.

Como en cualquier conducta con implicaciones adictivas, lo mejor sería no empezar nunca a jugar.

Son muy importantes los mensajes que los hijos reciben de sus padres sobre el juego. Si nos oyen constantemente decir que ganar un gran premio podría resolver todos nuestros problemas económicos, podemos estar, sin quererlo, fomentando una futura conducta de dependencia del juego.

Es importante que los niños perciban en sus padres una conducta de rechazo al juego o, en su defecto, que sepan que con los juegos de azar siempre se pierde más de lo que se gana.

El psicólogo Quintero Moreno advirtió que hay que estar atentos a frases como “si gano todos me van a admirar”, “soy mejor porque he ganado”, etc. El niño debe entender que él sigue siendo el mismo antes de ganar y después de ganar y que más que admirarle por ganar, sus amigos deberían admirarle por cómo ha ganado, es decir, porque ha sido un buen compañero, porque se ha esforzado más y se ha preparado mejor.

Una adicción desatendida

Pocos son los ludópatas que se atienden clínicamente en México, y es que no hay en la Secretaría de Salud ni en el Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic) ni en el sector privado, campañas para prevenir, frenar y erradicar la adicción al juego.

Según datos de la Asociación Americana de Psiquiatría, cada ludópata afecta por lo menos a las seis personas más cercanas a su vida, ya sea por los efectos psicológicos o por la dependencia económica. Crea fantasías al grado de adoptar fetiches que le den suerte al momento de jugar, o desarrollan supuestas habilidades adivinatorias para saber el momento justo para ganar en cada juego.

En países como Venezuela, el reconocimiento del juego patológico como una adicción ha hecho que las leyes de este país obliguen a los dueños de casinos y salas de apuestas a colocar letreros –--similares a los que advierten sobre los efectos del consumo de tabaco-- donde se advierte a los jugadores que para una persona que asiste con regularidad a apostar es recomendable acudir a un diagnóstico psicológico.

Pero en México, con la ambigüedad en el reglamento de casas de apuesta, donde hasta hace unos meses los casinos estaban prohibidos, los ludópatas difícilmente se asumen como enfermos o adictos al juego, en parte por desconocimiento o por temor al rechazo social, al estigma de que su padecimiento es un vicio y no una enfermedad.

La proliferación de establecimientos de juegos de azar y de pasatiempos con apuestas y sorteos dio lugar a una iniciativa de reforma a la Ley Federal de Juegos y Sorteos —vigente desde 1974— y a la Ley General de Salud.

El objetivo de dicha propuesta es que en todo local donde se realicen esos juegos se informe de los graves riesgos que su práctica implica para la salud mental.

La Ley Federal de Juegos y Sorteos fue publicada en el Diario Oficial de la Federación en 1974, y en 1994 se promulgó el Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos.

Desde entonces, y con el boom de las casas de juego, se ha concluido, desde una perspectiva sociológica, que la participación constante en esas actividades revela en el individuo un comportamiento psicosocial que el Estado debe atender con políticas correctas de prevención, toda vez que está plenamente comprobado por organizaciones internacionales de salud que los costos sociales ligados al abuso de esos juegos ocasionan problemas graves, como los generadas por las adicciones.

Arturo Estrada
VANGUARDIA (MEXICO)22-Febrero-2009

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*** ALBERTO OLMEDO ***

Pacman
¿Quién no ha jugado al comecocos?, hártate de comer bolitas y esquivar a los fantasmas